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Zenón Pereyra, el pueblo santafesino elegido por la ONU

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Foto: Juan Maximiliano Cáceres @juancaceres875

En el corazón del departamento Castellanos, al oeste de la provincia de Santa Fe, se despliega una de las tramas urbanas más enigmáticas de la llanura pampeana. Se trata de Zenón Pereyra, una pequeña localidad de poco más de 2.000 habitantes que, tras un siglo de silenciosa cotidianeidad, redescubrió que sus calles, fachadas e instituciones fueron moldeadas bajo la estricta geometría y filosofía de la masonería decimonónica.

Hoy, el pueblo ha transformado ese legado en un activo patrimonial y turístico, al punto de haber sido seleccionado para representar a la Argentina ante el programa internacional Best Tourism Villages de ONU Turismo.

Foto: Juan Maximiliano Cáceres @juancaceres875

La localidad fue fundada formalmente a fines de 1891 por Don Zenón Pereyra, un influyente empresario y terrateniente rosarino. Pereyra era un destacado miembro de la masonería argentina que alcanzó el Grado 33, la máxima jerarquía dentro del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

Aunque los registros indican que el fundador visitó físicamente el lugar en contadas ocasiones, su impronta quedó grabada de forma indeleble en el tablero del agrimensor:

Las 33 calles

El trazado urbano original consta exactamente de 33 calles. Como un guiño deliberado a la aritmética de la logia, la numeración de las arterias del pueblo prescinde de los números 1 y 2; la nomenclatura comienza directamente en la Calle 3 y culmina en la Calle 33, sitio donde se ubicaba la sede de la administración del fundador.

Foto: Juan Maximiliano Cáceres @juancaceres875

La orientación solar

Algunas investigaciones locales señalan que el plano original proyectó un quiebre de las diagonales en un ángulo específico respecto al norte franco, buscando una orientación cosmológica y de iluminación que respondiera a las lógicas arquitectónicas de los Grandes Arquitectos de la orden.

Una herencia en el frente de las casonas

 

Durante más de 120 años, los habitantes de Zenón Pereyra convivieron de manera natural con los ornamentos de sus casas sin sospechar su trasfondo. Fue recién a partir de una profunda revisión histórica comunitaria —con la colaboración de investigadores y de la propia Gran Logia de Santa Fe— que se descifró el lenguaje oculto en la arquitectura del pueblo.

Foto: Juan Maximiliano Cáceres @juancaceres875
Foto: Juan Maximiliano Cáceres @juancaceres875

El paisaje rural, caracterizado por sus casonas de finales del siglo XIX y principios del XX, funciona como un libro abierto de iconografía masónica:

La tríada del frontispicio: En diversas molduras sobre portales y ventanas se repiten la escuadra, el compás y la regla, las herramientas fundamentales que simbolizan la rectitud moral, la medida de las acciones y la autoconstrucción del individuo.

Foto: Juan Maximiliano Cáceres @juancaceres875

Guardianes y Columnas: En casonas como el antiguo almacén de los Gagliardi, las fachadas están flanqueadas por columnas de estilo corintio y custodiadas por leones, figuras heráldicas asociadas tradicionalmente a la protección de los secretos y al acceso a los espacios de conocimiento.

Foto: Juan Maximiliano Cáceres @juancaceres875

La luz del conocimiento: Es frecuente hallar el sol con tres rayos o medallas circulares radiantes, una representación del discernimiento y de la sabiduría que ilumina el hogar protegido.

Los tres escalones: En los accesos a los edificios públicos y viviendas más antiguas del núcleo fundacional, los umbrales se estructuran estrictamente en tres niveles, en clara alusión a los tres primeros grados de la orden (aprendiz, compañero y maestro) o a la tríada conceptual de Libertad, Igualdad y Fraternidad.

La Iglesia al revés: Uno de los detalles más curiosos de la trama urbana se observa en la Iglesia parroquial de Santa Justina. A diferencia de las construcciones eclesiásticas tradicionales de la época, donde la torre campanario se erige orgullosa sobre la fachada principal mirando a la plaza, aquí la torre fue edificada en la parte posterior, casi de espaldas al centro cívico, un ordenamiento que los guías locales suelen vincular a las tensiones y lógicas de poder entre la fuerte influencia masónica de los planificadores y la curia de la época.

El Circuito Masónico Actual

Hoy en día, Zenón Pereyra ha estructurado su memoria a través de un circuito masónico autoguiado. Mediante cartelería informativa y anfitriones locales, se invita a los visitantes a agudizar la mirada frente a las antiguas herrerías y cornisas para interpretar los símbolos de lo que, según los historiadores regionales, pudo haber sido el asentamiento físico de una logia rural activa durante las oleadas de inmigración piamontesa, suiza e italiana.

Este patrimonio se complementa con hitos de la historia tecnológica y social del pueblo, como el célebre Museo Bucci, que rinde homenaje a una dinastía de mecánicos y constructores de autos de competición nacida en esas mismas calles, demostrando que detrás de la aparente quietud de la llanura santafesina late un entramado de ideas, escuadras y motores.

Para conocer más sobre el recorrido visual y los testimonios de los investigadores locales que desenterraron esta historia, el informe periodístico Masonería en Zenón Pereyra analiza de cerca el patrimonio arquitectónico y detalla cómo se identificó cada símbolo en las casonas del pueblo.

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